La ternura del pezweon
Los días del último agosto fueron para mí sorpresivos, entre otras causas porque fui sometido a una operación de urgencia por cólicos renales. Fue entonces que estuve inmovilizado algunos dìas, cuando Carlos, uno de los sobrinos más desenvuetos que conozco hasta hoy, hizo llegar a la casa un ejemplar de Las aventuras de el pezweon. Carlos y Farita pensaron en que era la mejor forma de alegrar mi convalescencia. Compraron un ejemplar del gracioso librito, que ingresó a casa en el momento más oportuno. Por una extraña razón, asocié la imagen del pez con la desnudez elegante, sobría, inocente de los efebos griegos. El pez ícono del libro, como pueden apreciarlo, es tierno, inocentito. No presenta rasgos de agresividad alguna. Ni imaginarlo.
Es que en verdad, dentro de la tradición, todo pezweon es permeable, inofensivo, amigable, tolerante. Es el personaje que nos acompaña para llevar adelante infinidad de propósitos. Es el alma de nuestra convivencia, es el puente de nuestra amistad. El Perú joven cuenta con incontables grupos de pezweones. El pezweon encarna el lado informal de la vida, el clima de la amistad, la forma familiar de generar un círculo de confianza, la manera segura de sentirse juntos, el modo más alegre de aceptación. Tal como resulta la vida, en su mayor parte informal, el trato con el pezweón será siempre informal, llevadera cien por ciento, un "nosotros" con millones de representantes donde no es necesario el nombre propio.
El pezweon resulta la forma más expresiva y dinámica de comunicación. Creo que eso se debe a quienes más lo dieron a conocer: Los jóvenes, que desde hace años se acompañan con esta imagen, mientras juegan un fulbito, al compartir una chela, en tanto se prepara una disertación para la próxima clase, mientras se disfruta del tiempo o para sentirse plenos. Cada uno de ellos, en algún instante, es el mismísimo pezweón, como en los pronombres. Aunque en este caso, la identificación se produce a través de un hipernombre, válido y afectuoso para los del grupo.
El pezweon tiene una extensa presencia en el pueblo. En tal sentido, Carlos Banda y Andrea Tataje le han dado carta de ciudadanía. Son los padres adoptivos del pezweon y, en lo sucesivo, sus representantes en el andar mediático del personaje en cuestión.
A propósito del libro, todos en casa disfrutaron de la noble alegrìa que nos proporciona el pezweon. Todavìa està allí, entre la sala y el comedor, junto a la mùsica, la publicaciòn que nos ha entregado el Grupo Editorial Norma. Los que llegan, tienen asegurada una sonrisa...



