NUESTRA CASA, EL RINCÓN MÁS BELLO DEL MUNDO
Con frecuencia nos parece que la realidad fuera única e igual para todos. Sin embargo, no en vano se dice desde hace muchos años que "el mundo depende del color del cristal con que se mira". Creo que estas palabras tienen que ver con la diversidad de gustos según los lugares y los tiempos. Es lo que demuestra también la evaluación de las variaciones de la arquitectura, la pintura y la escultura, desde las lejanas cavernas hasta las "casas inteligentes" de nuestros días.
Y sucede que mientras ciertos sectores de la sociedad caminan a la par de los grandes avances de la civilización, otros están al margen, con modos de vida elementales, sin asimilar las ventajas que otorgan la ciencia, el arte, la electrónica y la informática, pese a las mejores buenas intenciones de los gobernantes en el mundo.
Con referencia a la vivienda, el comportamiento que tenemos con ella y en ella, es un valioso punto de partida que se extiende a la conducción de las familias y las sociedades. ¿Todos tenemos la misma actitud en casa? ¿Nos damos cuenta que es el espacio vital más valioso que ocupamos en el cosmos? ¿No es allí donde comienza la lucha por la salud del barrio, de la ciudad y del planeta? No resulta extraño que nuestra vida de hogar puede estarse llevando a la deriva, en medio de una tremenda incertidumbre, sin ningún tipo de previsión, sin mayor identificación con el lugar que habitamos y a donde, sin embargo, estamos concurriendo diariamente.
Lo deseable es una identificación plena y constante con nuestra casa, como un factor para un sólido hogar, base de una familia feliz. La identificación de una persona con la familia y con la casa que habita es un valor de verdad sobresaliente, si de mejorar actitudes sociales se trata.
Las actuales preocupaciones frente al crecimiento demográfico, las teorías sobre el medio ambiente, los proyectos largamente administrativos pueden redundar ilimitadamente en buenos deseos si es que no hay cambios eficaces en los propios núcleos familiares, los que deben ser impulsados a convertir cada casa y cada ciudad en nuestro entorno grato, seguro, acogedor.
Todas las personas que trabajan construyendo viviendas, las que realizan acabados de interiores o forman futuros arquitectos, deben efectuar la docencia para el manejo excelente de cada casa y del medio ambiente. Vale la pena recordar que la actual grandeza del Japón comenzó con un lema que se contagió rápidamente en la conciencia de todos:"Hagamos de casa un taller y un jardín" . De este modo, evitaron la contaminación absurda del ambiente no obstante el gran desarrollo de la industria.
De una manera elemental, deseamos que se forme el gusto por una buena vivienda, por un buen ambiente y por hacer de la belleza un valor que debemos buscar a cada instante, pues a nadie se le puede quitar ese anhelo.
Cada casa, para quien la habita, debe ser motivo de atención constante, un lugar lleno de atracción y de ilusiones. ¿Hacemos un buen mantenimiento de nuestro domicilio? ¿Sabemos, por ejemplo, acerca de la importancia que tienen el color, la luz, la ventilación?
Es necesaria la conciencia de hacer la vida más grata, es urgente una pedagogía colectiva de la estética. Y a partir de la actitud positiva de cada persona, debe llegarse a nuevas actitudes en la familia y en las calles, como sustento firme para hacer hermosas nuestras ciudades, muchas de las cuales tienen todavía considerable número de edificaciones inconclusas.
En el origen del camino, se trata de aprovechar todos los recursos y estilos disponibles, todos los ingenios y las voluntades, de modo que cada uno, según sus alcances y dentro de amor por la vida, haga de la casa que habita el lugar más bello del mundo.



