Ecología y periodismo: El dominical
Una satisfacción vital, única, saludable, me produce la nueva presentación de El Dominical, clásico suplemento cultural del diario El Comercio de Lima, desde la edición del 19 de octubre último. Al leer sus páginas, claramente respiramos nuevos aires, hemos vuelto a fortalecer el equilibrio ecológico en la cultura tantas veces torpedeada por la mediocridad. Hay, a la vista, un nivel estético de mayores alcances.
Hace cuarenta años, soy lector asiduo de El Dominical: Toda la historia del boom literario latinoamericano, a partir de las primeras publicaciones de Mario Vargas Llosa, Julio Cortázar, Gabo, Cabrera Infante, Asturias, Joao Guimaraes Rosa y los otros integrantes no menos valiosos. Toda la trayectoria de Fernando de Szyszlo y su elegante pintura, magistral desde todos los ángulos, llena de peruanidad sincera y grata. Todo el esfuerzo teatral o el despliegue del ensayo y el de las ciencias sociales. La poesía nativa (o no nativa, si se desea) en las generaciones significativas de varios siglos. También la literatura y el arte del mundo. También un gran espejo de los clásicos de todos los tiempos, con números especiales de recordación y homenaje...una labor enorme a favor de los lectores grandes o pequeños, siempre en vanguardia. En sus páginas surgieron nuevos talentos, a lo largo de la vida del diario. Hay, de a pocos, más de un libro de Vallejo y sobre Vallejo, de Palma o de Arguedas. Ahora, fresca, alegre, en una nueva época, envolviéndonos en una atmósfera de entusiasmo, porque no es solo el juego de los colores y las formas sino a la vez contenidos variados, siempre con limpieza y buen gusto.
Fernando Ampuero, Carlos Trivelli y sus colaboradores merecen nuestra gratitud, por refrescar nuestras vidas en un clima en el cual tenemos que combatir con la polución en diarios, revistas y televisión. La agilidad de los textos, la belleza de las imágenes, la elegancia en la distribución de contenidos, hacen que el suplemento se sitúe entre los mejores que circulan en el continente. Extrañábamos una edición de ese vuelo, al ver por ejemplo las ediciones mexicanas. Ahora no temos distancias, estamos globalizados de hecho y de derecho y sentimos orgullo por la modernidad de El Dominical.
Y mientras nos alimentamos con lo mejor de las artes del tiempo y del espacio, podemos aproximarnos también a los mejores platos de la gastronomía peruana, con aportes como los que nos han mostrado Jorge Bruce y Ramiro Llona, sobre una plataforma maravillosa que constituye la biodiversidad de este territorio entre humano y divino.
Que todo perdure, con la brillantez que ahora disfrutamos.



